2021-02-02
17 MIN DE LECTURA

Cuando me abrieron las puertas

 

Todo comenzó en 2015 cuando dejé mi amado Iraq y me vine a Suecia. Tuve que dejar una vida, una familia, una carrera profesional y un futuro. Todo. Para empezar de nuevo. A mediados del verano de 2018 pude hacerme un hueco en el mundo laboral sueco. Fue Garantell quien me abrió sus puertas. Me acuerdo perfectamente del día en que recorrí en bicicleta el fragante y denso bosque hasta llegar a Speditörvägen 8. Había una cosa que tenía clara: que ese día era el comienzo de un nuevo capítulo en mi vida en Suecia. Estaba más que listo y lleno de gratitud y curiosidad. Tenía grandes expectativas y me sentía enormemente motivado.

¿Dónde había ido a parar?

Fue solo a posteriori cuando empecé a pensar dónde había ido a parar. ¿Qué clase de empresa era? No importaba mucho, ya estaba vinculado emocionalmente con Garantell. Estaba motivado y convencido de que mis energías encajaban aquí. Simplemente quería formar parte de este equipo.

Todo era tranquilo y todo el mundo parecía tranquilo y seguro de sí mismo. Me gustó la primera impresión que tuve. Las cortinas rojas, la decoración elegante y el suelo gris antracita indicaban estabilidad y seguridad. Al cabo de un tiempo aprendí el término sueco «lagom» que significa «justo lo suficiente», no es ni muy poco ni demasiado. Una dosis equilibrada que crea bienestar y aceptación.

Me esforcé por adaptarme

A mí, que como la mayoría de mis compatriotas, tengo fama de ser cálido y extremadamente extrovertido, me costó hacer mío ese estilo de vida «lagomista». ¡Anda que no tuve que luchar para frenar mi entusiasmo y ponerle freno a mi lenguaje corporal! Fue todo un reto. Pero me atraía «la forma sueca» y me esforcé por adaptarme. Observé mucho y, finalmente, me contenté con hablar sobre el tiempo y la fiambrera, las noticias y los planes para el fin de semana, cosas que son temas clásicos en las conversaciones superficiales entre los compañeros de trabajo aquí en Suecia. Me sentía cada vez más cómodo con el sistema sueco.

Mis mejores maestros

En medio de mi entusiasmo, conocí a nuevas personas que se convirtieron en mis mejores maestros en el lugar de trabajo. Mis compañeros de trabajo mostraron mucha paciencia conmigo. Me enseñaron y me corrigieron, me animaron y me mostraron su aprecio. «¡Tranquilo!», seguido de una amable sonrisa es una expresión frecuente aquí en Garantell. Supongo que al principio estaba un poco confundido. Mi origen iraquí me había enseñado a mantenerme firme en un entorno donde los errores no estaban bien vistos. No obstante, la filosofía de Garantell es cometer errores para aprender y desarrollarse.

Equipos que se lideran a sí mismos

Cada día, uno se centra en el objetivo de la empresa: hacer que el día a día sea más sencillo. Admiro la mentalidad de desarrollo de Garantell. Unos enseñan a otros y todos aprenden de todos, se aceptan de una manera sencilla. Aquí todo el mundo tiene derecho a expresar su personalidad, estructurar sus tareas de trabajo y contribuir a crear un ambiente de trabajo agradable. Estaba acostumbrado a una jerarquía bien definida, pero experimenté seguridad y satisfacción al formar parte activa de un equipo que se lidera a sí mismo en el que se ponen en valor los puntos fuertes de cada persona y donde siempre hay cabida para las nuevas ideas.

Trabajar rápido sin estrés

Trabajamos constantemente para optimizar el tiempo. En la máquina de doblado y láser aprendo todos los días a optimizar el tiempo y a menudo escucho a alguien decirme: «¡Trabaja rápido, pero no te estreses!».

«¿Qué?», me digo a mí mismo. No he entendido del todo lo que quieren decir con eso. ¿Quizás es todavía demasiado sueco para mí? Gestionar el estrés es probablemente algo que tengo que trabajarme, sobre todo cuando hay que rendir y cumplir la fiabilidad de las entregas.

El bienestar en el punto de mira

Garantell presta mucha atención al bienestar y a la creación de condiciones que garanticen un entorno de trabajo saludable y sin estrés. La última tecnología, automatización, todo el confort a la hora del equipo de protección en el trabajo, instalaciones de música en las oficinas, cómodos sofás, sillones y alfombras suaves donde se puede socializar frente a una taza de café o una pieza de fruta fresca (por supuesto, zona en la que está prohibido el calzado según la tradición sueca), mantenimiento continuo de los locales y limpieza cuidadosa, solo por nombrar algunas. Esto hace que me sienta cómodo aquí. El esmero y la atención al detalle es probablemente algo en lo que me reconozco.

Como una bola de billar

La estructura hace que mayormente todo fluya suavemente como una bola que, silenciosa y cuidadosamente, rueda por la mesa de billar con tapete verde hacia el agujero. Así de fácil. ¿O tal vez no del todo? Cuando empecé a trabajar en Garantell, tenía la sensación de que todo iba muy despacio. Me vi obligado a cambiar de opinión cuando me adentré un poco más en el sistema sueco, cuya estructura tiene una lentitud incorporada, un antídoto para el estrés. Ahora me doy cuenta de que las cosas están cambiando con el orden y que el más mínimo detalle está muy bien pensado. Los suecos son muy buenos a la hora de planificar con mucha antelación antes de actuar. Aunque al principio era escéptico, tengo que admitir que estoy contento con esta estructura porque yo también soy estructurado. Por eso aprecio el sistema sueco.

Empezar a llegar puntual

A pesar de todos los desafíos, Garantell hace todo lo posible por hacer que mi trabajo me encante. Tengo un vínculo emocional con Garantell, sencillamente, fue el primero que me abrió sus puertas. Cada día me «asueco» más y más. No pierdo mi identidad como árabe de sangre caliente pero, quién sabe, ¡incluso podría empezar a llegar puntual a una reunión concertada o una quedada con amigos! En esto, probablemente todavía sea muy iraquí. 

COMPARTIR